Randy Mueses

La amante.

Tú, mujer de frágiles sentimientos que tratas de hacer vano frente, y siempre te notas atrincherada en la batalla de sus frívolas mentiras, no causa asombro que siempre te desplomes en sus palabras melodiosas, sus ojos cristalinos que sajan como el filo de una catana, su trato tierno y dócil, su seguridad. Y lo pasional que puede llegar a ser.

Tú, que a veces le piensas y le extrañas, que mueres por verlo, que lo deseas de forma desmedida. Te has sometido a sus horarios para sus hallazgos clandestinos, y sin embargo el estará abrazando a su amada en una noche invernal en la alcoba de siempre, seguro estará besando a sus hijos en la frente en una navidad helada. Y de paso tú, a la espera de su llamada.    

¿Acaso estará pensando en ti? 
 ¿Acaso eres un amor real, o solo una fuga de su realidad tan vacía y monótona?
¿Recordara tus besos y sollozos cuando este riendo a carcajadas con su amada? 

Me encantaría pensar que Dante y Beatriz se amaron en la eternidad, y también que su “amor” por ti trascenderá. Pero te has resguardado en su lecho, has degustado el néctar de sus labios, te hayas desorientada en sus brazos, te has hundido en sus huecas promesas.  

 Le has entregado tu sentir, tu querer, tu suspirar. Al desnudo, inconscientemente.      

  Definitivamente tu corazón se quebrará, es lo esperado cuando se ama con extravío y frenesí. El amor siempre duele aun en sus momentos de gloria. Has caído avasallada en su pícaro amor infame, perdiste. Es tiempo de aceptar la derrota e ir a llorar en las sábanas que alguna vez fueron testigo de la pasión derrochada.

 

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