Marcela Aurora

Este poema lleva tu nombre.

Contigo entendí
todas las advertencias
cada vez que decían
que no hay que correr
antes de aprender a andar.

Y ahora que ya no tengo miedo a correr,
no recuerdo cómo caminar.


Si un día vuelves
y tratas de buscarte en mi mirada,
ten por seguro
que encontrarás la puerta abierta,
porque desde que te fuiste
nunca más volvió a cerrarse.


Vuelve cuando quieras,
lanza con tu boca gritos de ayuda,
corre y llama fuerte con tus pisadas,
barre el suelo con la violencia de tu huida
y desgarra al aire con tus brazos
en busca de mi cuerpo.

Desata las tormentas con un solo latido,
rompe las barreras con una sola mirada
que le grite al mundo en silencio
que has elegido mi casa para habitar en ella.

Derriba todos los miedos
que se disfrazan de muros,
trepa todos los escombros,
invade mis ruinas
y constrúyeme con tus besos.

Susurrame de nuevo
que me eliges a mí,
juega con mis manos
y átame con un hilo invisible
a tu dedo meñique
y llevame a recorrer el mundo.

Deja que el universo conspire,
aún si no crees en ello,
llenate de estrellas el pelo
y trenza cada una de mis inseguridades
para que no vuelvan a escapar.

Que el término casualidad
nos queda muy corto
y a la vez nos queda muy grande,
que un día el mar y la sal me vieron volver
porque de repente empecé a encontrarte ahí.

Que el cielo y el mundo,
me vieron cruzar destinos
donde me buscaba
pero al final t e hayé
y todos los aciertos
llevaban tu nombre.

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