Joseponce1978

Divagaciones de año nuevo

Por fin hemos dejado atrás el maldito 2020 y el día ha amanecido con aires renovados. He empezado a trabajar a las 8 y es una de esas mañanas especiales en que la luna y el sol han coincidido encarados en el cielo. Ella casi llena, aunque iniciando ya su ciclo menguante, se resistía a capuzar por las montañas situadas al noroeste, mientras él, con su habitual prisa por cruzar el cielo invernal, se elevaba como un tiro por el sureste. Si trazásemos una línea recta entre ambos, partiría por la mitad el cuenco celeste. No se el motivo pero lo he tomado como un buen augurio. Tenemos encima una borrasca de aire frío y el viento viene helado, pero cuando se detiene resulta agradable estar al sol. Al iniciar la jornada he dado la ronda de rigor de vigilancia por la cantera donde trabajo, asegurándome de que sus instalaciones se encontraban en perfecto estado. En días así me tomo las rondas como  paseos más que como una obligación, intentando empaparme de los distintos matices para los sentidos ofrecidos por el monte en invierno. En un punto me he detenido al ver a una pareja de pajaritas de las nieves jugando, estaban chocando sus picos como si intentasen besarse. Siempre me ha apenado la frialdad de los besos de pájaro; sus duros picos chocando no debe ser la mejor muestra de afecto posible, por ello será que deben compensarlo con sus melodiosos trinos.

Este nuevo año del calendario gregoriano que hoy da comienzo ha de ser un año de reconstrucción tras el eterno annus horribilis 2020. En lo personal no tengo ninguna queja, y de no ser por la terrible pandemia, a buen seguro habría sido uno de los mejores años de mi vida; el trabajo no me ha faltado, mi pequeña resplandece con luz propia y mis familiares y conocidos siguen bien, pero este maldito virus me ha impedido paladear la alegría. Por un momento llegué a pensar que los mayas habían atinado con su profecía y el fin del mundo había llegado. Supongo que quien haya perdido a un ser querido o el trabajo lo estará pasando peor que yo y cualquiera teníamos papeletas en esta oscura lotería. Este leviatán malnacido ha truncado muchos proyectos de vida y aún sigue sin dejarnos vivir en paz, pero con la llegada de las vacunas, el futuro ya se ve desde un prisma más halagueño. Ahora entramos en una nueva era postpandemia de incertidumbre económica por los estragos y desconocemos la profundidad de las arenas movedizas, pero con lucha y trabajo saldremos adelante. La vida ya de por sí es un tortuoso trasiego por caminos claroscuros, pero si encima nos viene algún factor negativo ajeno a nuestros actos, la existencia puede convertirse en un auténtico infierno. Como especie somos capaces de lo mejor y de lo peor y en algunos sitios esta pandemia habrá pasado inadvertida, como puede ser el caso de Yemen, donde los niños llevan más de 5 años sin poder hacerse pelotas de trapo porque faltan trapos para amortajar a las víctimas de la guerra; donde ya hay tantos virus, que por uno más no lo van a notar; donde no se pueden confinar porque no queda una casa en pie y donde el mar rojo es más rojo que nunca por los ríos de sangre que desembocan en él. En fin, respetando a quienes se haya llevado la pandemia por delante, siempre habrá quien esté peor que nosotros y sea como fuere, pese a que este año pasado quedará marcado en nuestras memorias como un periodo oscuro, nos servirá para valorar lo que nos ofrece la vida.



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