Fin de la odisea moderna

Austin Mora

Hoy a tan solo 1 día 6 horas y 7 minutos de finalizar este año quiero dedicar unos cuantos minutos de mi tiempo para dejar que mi pluma escriba de manera sobria sobre lo intrincado de este par de veintes.

Este año que está a unas cuantas horas de perecer, ha dejado en nosotros una obligación de cavilación, durante este 2020 no ha sido uno si no varios los acontecimientos que han marcado de manera profunda y angustiosa la vida de cada persona en cada rincón habitado de la tierra.

No encuentro otra palabra para describir este año que inaudito, un año en el que de la manera más difícil y dolorosa aprendimos la importancia y el poder verdadero que tienen en sobre nuestras vidas la familia, los amigos, la unión y la solidaridad.

Durante este impetuoso año no hay una palabra que nos identifique más que resiliencia, a conforme este año avanzo tuvimos que enfrentarnos al hecho de conocer nuestra alma en su versión más rota, pero esto sirvió a la larga para forjar en nosotros la versión más fuerte de esta.

Este año en el aspecto de religión y credo tuvimos que presenciar el cierre de los templos algunos por primera vez desde sus inicios, pero con los templos cerrados comprendimos que un edificio no era la solución al problemas que cuando la vida y nuestros prójimos atraviesan una dificultad de este magnitud la religión pasa a segundo plano ,es por esto que durante el transcurso de este año construimos un templo en cada uno de nuestros hogares y aprendimos a orar por el prójimo sin importar su credo o religión y dejamos de un lado el pedir solo por nosotros o nuestros familiares.

El año se marcó por la pérdida de muchos familiares, amigos y seres queridos producto de un microscópico virus que nos enseñó lo vulnerable que es el ser humano. Pero también debemos recordar que no solo fue el virus que cobro vidas otras causas no menos dolorosas e incluso más violentas cobraron un gran saldo de vidas inocentes.

Que podemos decir, este ha sido un año de múltiples contrastes y con diferentes tonalidades. El 2020 ha sido el año de consumación y sepultura de una etapa, pero a su vez marca el inicio y el origen de otra que viene cargada de esperanza, solidaridad y fe en cada una de sus muchas facetas.

De forma clara podemos decir que, en este año lleno de retos, la enseñanza aprendida es que nuestra felicidad no está condicionada por las circunstancias, y que tenemos la capacidad de ser del tamaño del problema que se nos venga encima; En definitiva, este año nos deja una gran fortaleza espiritual y gran aprendizaje, y que no importa nuestro origen o clase social, si eres un país de primer mundo o de tercer mundo, todos somos vulnerables, y por lo tanto debemos apreciar la vida y no sacrificar algo invaluable como tiempo, vida y salud por algo tan común como los bienes materiales porque no existe la certeza de cuanto nos durara la vida.

Muchos de nosotros hace casi un año el día 1 de enero al ser las 00:00 pensamos que este sería el año en el que tendríamos todo con lo que soñábamos. Ahora casi un año después podemos decir a ciencia cierta que este 2020 fue el año en el que logramos aprender a apreciar todo lo que tenemos; lo importante que es la convivencia, el compartir, los afectos, la familia, la vida y la salud, logramos reflexionar sobre lo importante que son las cosas que el dinero no compra.

Con este año se marca un antes y un después en la vida de cada uno de nosotros, se marca un hito de mucha reflexión sobre la humanidad, en el que sacamos lo mejor de cada uno de nosotros; donde se enriquecieron aspectos importantes como la constancia, el valor, el coraje y espíritu de lucha para vencer una pandemia que parecía invencible.

Donde la familia se ha reunificado, donde mucha gente se dio la chance de explorarse y desarrollar nuevas cualidades y talentos, otros se dedicaron a construir una espiritualidad más sólida, se pudo logar más que en otros años concientizar a las personas sobre la importancia del medio ambiente y su cuidado sobre la importancia de respetar las otras formas de vida, aprendimos a valorar más el momento que se vive y dejamos de pensar a futuro.
En conclusión y para no hacer de esto tan largo podemos decir que el año 2020 fue el año en el que la raza humana aprendió el verdadero valor de la vida, el año que nos enseñó que no debemos dejar las cosas a cargo del destino y que somos una especie más en este planeta que llamamos hogar una especie igual o incluso más frágil y vulnerable que las demás. En este año que se encuentra en agonía luchamos, sufrimos y perdimos, pero también aprendimos muchísimo.

En fin, si algo le debemos a este año fue que nos enseñó quiénes son los verdaderos amigos y familiares esos que estuvieron ahí en las buenas y se quedaron en las malas. Este año, aunque nos hiso utilizar un tapabocas o careta también desenmascaro a los que no estaban para nosotros, a los falsos y a los hipócritas, pero también nos mostró el mejor rostro de los verdaderos, de los que aman y luchan junto a nosotros.

No me queda más que decir que gran lección y aprendizaje nos trajiste 2020.

Sin más que decir ¡Allá vamos 2021 más fuertes y más humanos!

Austin Mora Badilla.

  • Autor: Austin Mora (Offline Offline)
  • Publicado: 31 de diciembre de 2020 a las 03:38
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 9
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