Walter Trujillo Moreno

UN GRITO DE DOLOR DE LA NATURALEZA

un cuervo se posa sobre la espalda de una águila
un águila rompe su pico para renacer
un falcón caza en el aire y vuela a 300 km/h
una oruga se reencarna en una mariposa
la cigarra despierta después de 17 años
un erizo hiberna 128 días
el ave hoatzin nace con garras para trepar
el oso perezoso es un buen nadador
el albatros duerme mientras vuela
el vencejo real vuela 6 meses sin descansar
el cóndor vuela sin mover las alas
el colibrí mueve 70 veces por segundo sus alas
el pingüino macho no come 2 meses y está a merced del tiempo
el murciélago se guía por los sonidos que emite
una abeja vuela 24km/h a pesar de su peso
un gecko camina verticalmente

 

 

La Naturaleza tiene muchas formas,
muchas realidades,
representada de un millón de formas,
descrita en distintos modos,
se la vive siempre,
se la cuida de vez en cuando,
se la destruye a pasos gigantes.

Los primeros hombres la descubrieron en los sueños,
en los rituales,
aprendieron a quererla,
cuidarla y tenerla miedo.
La naturaleza siempre fue la madre de todos.

En la edad media la Naturaleza fue destruida,
dañada, contaminada,
la desojaron,
la volvieron árida,
la recalentaron,
la hicieron llorar de calor y frío,
al final la enfermaron,
 con ella murieron millones de plantas,
animales y humanos.

En el mundo moderno,
 le han rediseñado,
reconstruido, falsificado,
dado formas no existentes.
Se ha dejado de admirarla,
hasta pretenden reemplazarla.

Los bosques primarios cada vez son más pequeños,
menos densos y accesibles.
Los lagos, los ríos y
los mares han dejado de ser azules, blancos o verdes,
ahora son grises, negros y pardos.
 El olor puro, fresco, limpio de sus flores y plantas
 se confunden con el olor a brea,
azufre, amoniaco y metano.

Sus habitantes se escapan aterrorizados,
de la contaminación, los incendios
 y la destrucción de sus habitas y territorios.
Sufren el calor excesivo y el frío lacerante.
Los animales se esconden entre los hombres,
entre los desechos y la miseria humana.


El mar se ahoga por la polución.
Delfines, tiburones,
ballenas se enredan entre las redes,
pierden su norte en el océano gigante,
los peces se enferman por la ingesta de plásticos,
se asfixian por los derrames del oro negro,
 mueren de dolor al tragarse desechos.
En el mar hay más plásticos que peces.
 Las aves del cielo se chocan con los edificios,
 las torres de teléfonos
o se queman entre las redes eléctricas,

La Naturaleza no tiene sueños,
no tiene objetivos,
no tiene interés de modernizarse,
 o cambiar de forma de crecer.
La naturaleza tiene tiempo,
todo el tiempo del mundo,
la Naturaleza está en constante cambio,
sus habitantes también cambian,
pierden las alas,
pierden las aletas,
 dejan de respirar sobre la tierra
aprenden a respirar bajo el agua.

Tu sueño puede ser demasiado grande,
más grande de lo que piensas,
lo puedes conseguir,
sí crees en la Naturaleza,
la ayudas a regenerarse,
la permites descansar
o simplemente la dejas en Paz.
Sueñas despertar en un bosque lleno de contrastes de verde,
lleno de flores, olores dulces y picantes,
arcoíris adornando la tierra,
aves de colores cubriendo el cielo,
el aire puro y fresco provoca sonrisas y recuerdos,
las mariposas se multiplican de alegría.
Sueñas despertar en un bosque rodeado de lagos,
ríos y lagunas,
aguas corriendo sin prisa hacia el mar inmenso y ancho.


 La vida tiene ahora otro sentido.

La Naturaleza está viva, vive en nosotros, somos la continuación de ella

 

Por Walter Trujillo Moreno, diciembre 2020

Comentarios1

  • AZULNOCHE

    Un grito que desgarra las fibras más sensibles.
    ¡Chapó!
    Un abrazo



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