He llegado a entender a mi pesaroso tiempo,
ese tiempo plomizo que todo lo limpia y todo lo cura.
El cielo también muestra sus caras,
se llena de nubes, llueve y comienza su canto.
Un coro de grotescos gotones golpeando mi ventana
como lágrimas entonadas, en un acorde con mi alma.
No bastó que el sol
quemara el soluble asfalto donde caminábamos descalzos
parándonos para mirar a la niña que quemaba mis ojos,
y ella, sin mirarme.
Fué su piel mi eterno desvarío en una búsqueda encarnizada,
con un perfume a rosas frescas
y un aliento caliente,
queman mis labios
a fuego lento.
Tanto la amo, que sin verla,
siento aún el latir de su corazón
en un acorde sin ritmo,
y los años de felicidad congelados
en pausas de la vida,
y yo aquí amando su alma,
que la vida convierte en un vagido eterno.
Tengo mi empatía hecha jirones, capaz de mover el mundo
aunque solo sea para ver una sutil sonrisa,
o bastará con solo una
mirada,
y sin sentido.
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Autor:
valentino (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de diciembre de 2020 a las 23:32
- Categoría: Amor
- Lecturas: 27
- Usuarios favoritos de este poema: Jax Canon, negrolindo

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