ENRIQUE HORNA

\\\" EL LOCO\\\"

 

No pronuncio su nombre porque me pongo a llorar

Su cuerpo errante, burlón e insolente

Revestía sus huesos sin soberbia al andar

Anhelaba la calidez y paciencia de un amigo.

 

Sus ropas  eran pobres

Cual su piel traslucía su alma

La calle se agitaba con sus dolientes carcajadas

Y a veces lloraba sentado

En la vieja banca de la esquina.

 

Cada lágrima tenia distancia

La arrugada estatua de lo vivido

Emoción, angustia, delirio

Insomnio, pesadilla, alucinación

Embriaguez de infinitos

Tortuosas horas de olvidos.

 

Se ausentaba sin dejar estar presente

No quería intrusos ni testigos

A la hora de hablar con Zoroastro

Del Yin y el Yan

De la oscuridad, el frio, la profundidad

La pasividad y la muerte

Pero también del cielo  y la divinidad

El calor, la altura, la actividad

¡La Vida!

 

Se imaginaba un profeta de Anatolia

La mirada no es la misma

Cuando se ha visto otras luces

¡No soy religión, soy espíritu! afirmaba

El reloj de la creación

Esta grabado en cada piedra

Petrificada en su silenciosa pertenencia.

 

Se arrodillaba y con sus temblorosos dedos

Trazaba dos líneas paralelas

Una era el componente esencial de su sombra

La otra el brillo de su espíritu

Y narraba lleno de ternura

Todas las aventuras imaginables de su mundo

Era pasado, presente, futuro

Un sabio de aquellos tiempos.

 

Un día cansado de su cordura

Fue en busca de la otra orilla

Se sentó en la banca de la esquina

Cerró sus ojos de niño bueno

Y volvió a su hondura

Al grano invisible de su ser

Al vientre del misterio

Era feliz en su utopía

Para muchos un loco

Para mí un iluminado en mi memoria.  

 

 

 

EH                                                                              



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