El laboratorio interno no descansa...
prepara su receta en sus abismos;
la vida es una dosis que se amasa
en el crisol secreto del "Sí mismo".
*
Un vuelco de sustancias y de sales
recorre los circuitos de la mente
y encienden los impulsos cerebrales
la idea que ya brota ¡de un repente!
*
No viaja el pensamiento por el aire;
es nervio, es el cogollo de la fragua;
el odio, la alegría o del desaire,
son física y azufre, chispa y agua.
*
La herida del pasado abre la espita,
libera su corriente el sufrimiento,
mientras, el cuerpo, libre, en su gimnasia,
precisa nutrir de química, el intento.
*
La luz de los cuarenta fue otra mezcla,
un bálsamo más dulce y apacible;
hoy, cambia la balanza que entrelaza
la dote de este tramo irreversible.
*
El lodo se hace luz, se vuelve idea,
materia que gobierna su destino;
la chispa que en las sombras parpadea
y encuentra la conciencia del camino.
*
Eduardo Faucheux
30-05-2026
-
Autor:
Eduardo Faucheux (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de mayo de 2026 a las 00:00
- Comentario del autor sobre el poema: A veces pienso cómo se originan los pensamientos. La Ciencia ya casi tiene el secreto (a lo mejor, ya lo logró), pero jamás dejará de ser un proceso extraordinario, mágico y sublime; me refiero a la transformación en sí misma. Los pensamientos son discutibles en sus equivocaciones o aciertos. La experiencia, la educación, el estudio, las emociones y sentimientos, el sufrimiento y la tortura, los dolores o las alegrías... todos ellos son el resultado de reacciones químicas, eléctricas y de vaya uno a saber qué otros ingredientes de una receta mágica que supera nuestro entendimiento básico. Lo que sí me queda claro es lo maravilloso que es pensar, deducir, reflexionar o conjeturar sanamente, y sorprenderse por ello. Este poema representa una profunda indagación filosófica y biológica sobre el origen de la conciencia, estructurada a partir de una premisa contundente: el pensamiento no es una abstracción mística que flota en el aire, sino el resultado directo, tangible y medible del laboratorio químico y eléctrico que constituye el organismo humano. A lo largo del análisis de esta idea, logramos desmontar la falsa dicotomía entre la frialdad de la descripción científica y la calidez de la emoción poética. Lejos de restar misterio al fenómeno, la intervención de la ciencia lo eleva a una categoría sublime. El texto poético final se sostiene sobre varios ejes fundamentales que surgen del intercambio: El concepto de retroalimentación y circularidad orgánica... se descarta la visión tosca del cerebro como un receptor pasivo; en su lugar, se lo presenta como una fragua en constante movimiento. El cuerpo metaboliza la biografía: el estudio, la educación, las alegrías y los dolores acumulados (como el registro físico de un sufrimiento viejo) actúan alterando la densidad de los enlaces moleculares en tiempo real. La precisión técnica incorporada a la lírica... reemplazar elementos corporales por conceptos como "circuitos" y "nervio" le otorga al poema la tensión eléctrica necesaria para describir la sinapsis. El pensamiento es carne en tensión, corriente pura que viaja por autopistas biológicas. La inclusión de la "espita o llave de paso" funciona como la metáfora exacta de esa válvula interna que, al abrirse ante el recuerdo o el estímulo, libera el torrente de sustancias y sales que configuran nuestra percepción. Por último, el quiebre rítmico que aporta la expresión "¡de un repente!" introduce la fuerza del impacto súbito, la inmediatez con la que una chispa eléctrica enciende una conjetura o una deducción en la penumbra mental. Asimismo, la combinación de "física y azufre, chispa y agua" funde en un solo verso los elementos fundamentales de la materia con la electricidad que anima la vida. El poema aborda la inevitable conciencia del paso del tiempo y la fragilidad existencial. La receta no es estática a lo largo de los años; la mezcla apacible de los cuarenta cambia su balanza al llegar a los tramos más avanzados de la vida, obligando a la mente a procesar la realidad con una gravedad y una lucidez diferentes. El cierre expone la gran paradoja de la condición humana: el asombro de que el lodo de la tierra, a través de impulsos eléctricos y combinaciones químicas perfectas, sea capaz de mirarse a sí mismo, razonar, gobernar su destino y encontrar la luz de la conciencia en el camino. Muchas veces tenemos las respuestas a las preguntas de la Creación frente a nuestras narices, pero, aun así, seguimos fallando en el intento de ser libres y elegimos la esclavitud, la estupidez, la ignorancia y la utópica posibilidad de gobernarnos a nosotros mismos sin hacer daño a nuestro entorno.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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