migreriana

Desde esta selva de adoquines


Sin poder verte, Ciudad de Eva, te extraño,
porque fuiste y serás mi patria, mi hogar y mis ideas.
Allí duerme mi sol radiante, lindo y noble,
con los huéspedes que habitan tu tierra.
Mi rebeldía era coloquio, mis vecinos sí se acuerdan,
que mis pasos por tus calles no eran pisada extranjera,
Mi orgullo te piensa, perfil de mi diadema, Eva, Evita te amo,
y también a tus piedras, incrustadas en las casas que
se hicieron por vos plenas,
con tu rostro de piedad y tus manos abiertas.
Si alguien piensa que no te diste casi por entera,
que te vean los felinos,
con tus bosques y tu empeño por crecer
y ser mural pieza a pieza.
Fuiste echa con las almas que dejaron tu rostro desde el cielo
para arar cimientos de bondad, con tu gentil trabajo enseñas
a nuestro amado General que le dio luz a tu emblema.
Ciudad con mayúscula, La ciudad Eva Duarte,
mi corazòn ,en las huellas que imagino traviesa.
Tierra que te extraño tanto, no te hagas pena,
desde la selva de cemento vuelvo a soñarte toda entera,
porque sé que mis amores viven cuidando tus siestas,
para que las reservas verdes decoren tu primavera.


He visto la ciudad con sus balcones,
sus calles arboladas con verdes y flores.
Gente que camina añorando sus amores,
con su turbulento pasado que no apreciaba los buenos momentos,
los que álguien de corazón, la primera dama, sucumbía en ese bullicio, de amores y gente de paz, con sus sueños y rencores.
Un presente de encierros y pobrezas nos pone tristes, añorando también aquellas flores,
que de niños se nos hacían grandes, un mundo
que tenía magia, con un prominente futuro
y primaveras eternas.


Voy caminando por la ciudad hecha de cemento y acero,
camino por las avenidas , por las calles y cerca de los riachuelos, como queriendo encontrarte en algun parque sentada en un banco, esperando por mi presencia.
Sigo buscandote por la ciudad hecha de concreto , cabillas y pintada con todos tus recuerdos , desde el color verde claro de tu escuela, hasta el color blanco del muro de tu casa , donde por primera vez pudiste sentir mis caricias y te bese viendo caer el atardecer.
Voy por la ciudad, caminando por sus aceras de cemento, y a cada rato tu imagen aparece en mi mente, con solo ver la entrada de aquel cafe de puertas carmelitas donde nos enamoramos, o del portal de lozas rojas donde me dijiste que me querias y con un beso apasionado me prometiste amarnos hasta el anochecer.
Jorge Serra.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.