Carlos Brid

ESCUDO Y TRINCHERA

ESCUDO Y TRINCHERA

 

Encalló en el sosiego

en un puerto manso

en un cielo calmo y azul

en el aroma del café y la confidencia

en las trincheras que protegen

los temblores del insomnio.

Despertó en la mirada sostenida

en el adiós de lo efímero

en la quietud del recuerdo

en el gentío y la memoria

en las iglesias sin nombre

en los dioses sin rostro

en las campanas calladas

en los tañidos de la espera

en los goznes de la tristeza.

Y en ese crisol de ansias

Exhaló un hondo gemido

unos brazos alzados

un feroz grito desafiante

que remarcó los trazos

que sembró los surcos

para que quede grabada su historia

para que cuando los hombres miren,

unos ojos de silencio no se vayan.

Esa calma gris esconde un pedido

unas manos invisibles extendidas

y un monstruo que acecha en el ramaje,

esperando otra víctima de violencia.

Los hombres que honramos la sangre,

que se derramó en nuestro nacimiento,

somos el escudo  y la trinchera en vigilia

para que nadie maltrate a una mujer

que también dio su sangre, para dar vida.

 

Carlos Brid



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