Sandro Tovar

Muñeca de palo

Se desprendió un día de su árbol, después el viento se la llevo arrastrando por calles y por barrios, la elevo para depositarla frente a mi lente que cautiva, que hace de lo risible un arte. La muñeca de palo volvió de pronto hasta aquí, apareció dentro del remolino que me hace huir, que amenaza con ir a traer tempestades, por ser hijo de tormentas. Quise patear su núcleo y botarlo para que se fuera, entonces me di cuenta que traía envuelta una muñeca, mi muñeca de palo, me la trajo para que me adentrara en un pensamiento de locura. Luego el viento la hizo danzar nuevamente, y en su baile encontré una alegoría de esperanza solo para mí.

Hacia mucho no veía esta muñeca mía que se trasfigura y me hace pensar en el olvido y en las andanzas que acompañan al viento, porque siempre esta viajando, haciéndome pensar que las cosas del mundo vuelven por el aire que ciega los ojos aun sin merecerlo.

Entonces fue que la vi danzar alegre. Recuerdos, corazón de palo y un amor igual, de madera.

La muñeca de palo vuela entre calles y tierra, entre aires de ciudad y contaminación, pero siempre alegre de vivir, de llenar espacios, danza para los que creemos en las cosas que abundan y que nadie ve, tiene un canto que es invisible, un canto que siempre acompasa el viento y zumba como cuando viene un tren desde lejos, en un aletear de cosas mágicas y tiernas.

Ella ha de subir hasta el cielo para que sea bonita, para que sienta un poco de atención, seria inútil convencerla de otra cosa que no fuera su belleza, y en ese baile que trasmite vida, la veo reflejada entre calles viejas y cosas que atan, pero nunca la seducen, no, porque anda libre siempre, sin que el cotidiano mundo la pueda aplastar, moriría sin duda en un instante si se viera presa en esa esfera, ella es libre lo repito, y aunque es el viento lo que manda, se sostiene en apariencia de otro mundo, y en su girar alterno se entiende que ese otro mundo existe y se ve a través de ella.

Eso es lo que muestra su danza alegre. Y me encanta su girar, me seduce su manía por tenerme cerca, me contagia al punto de aceptarme como su pareja armonizada.

Luego, entre tanto giro y danza, reviven dentro de esta idea cosas muertas del pasado ingrato, y vuelvo a sentir que esto que nos convence de estar vivos, es otra danza más y más lenta cada día, que no se acopla al ritmo cósmico.

Entonces me entristece la verdad humana, su apagado mundo de silencios vanos, vanos por que todos gritan sin decirse nada, sin hallar respuesta a sus plegarias. Sin saber que dentro, en alguna parte de su corazón existe algo que les da belleza, por ser humanos que se sienten vivos, y que en esta danza que emana de la nada, sin vestido y sin siquiera proponérselo, los haría felices. Pero no lo saben.

Hay humanos olvidados entre el viento que sopla sin sentido, llevando ramas y árboles enteros, me entristece que cada rama que arrastra el viento solo sea algo que jamás les dice nada, algo que dentro en si lleva un ritmo de cosas bellas, que pudiera recordarles una danza de muñeca rota, desprendida y lejana, olvidada quizás por alguien que la vio yéndose con la avenida de aire, con el suspiro del mundo. Y esos humanos que nunca sienten pasar el aire que les dice cosas, están muertos y convertidos en madera, y el aire no los puede levantar, para que giren y sientan nuevamente el ritmo de una música que ya tampoco escuchan.

Así, la imagen diferenciada de una rama parecía muñeca, si, parecía como aquella vez que la rama se llevo los cantos, que la tiro el viento y nunca regresó, y lo extraño de todo es cuando sopla y no puede levantar mas vida, mas humanos, por las dificultades que les atan a este mundo, que los hacen mas y mas pesados cada día, y el recuerdo que alguien pudiera tener de ellos, nunca llega, les olvidan por que ya no van en esencia con el viento, a bailar y decir alguna cosa o que aun están aquí, como mi muñeca de palo.

 

El recuerdo de alguien es un simple giro de una rama, el viento le da vida y la sube alto, la hace danzar para mi contemplación, para recordarme que la figura difusa de esa rama pertenece extrañamente a alguien que se ha ido por el mundo, que se la llevo el viento y quizá dentro de su mente también viva yo, y quizá se acuerde en ese momento de mi.

Baila y canta, sube y baja.

Nunca mueras muñeca,

has que te recuerde,

que aunque seas un pedazo de madera arrastrado por el viento,

tengas ante mi, tu momento de gloria danzarina.

Para aplaudirte y añorarte.

Para recordarte siempre bella.

Un día yo también seré memoria para otros, para alguien que me quiso, que me mira un poquito a través de las rendijas del tiempo, entonces su mirada me rozará levemente, como lo que sopla tenue, que no crece porque teme despertarme del letargo eterno, pero mientras yo esté vivo, aquí, en éste lugar que tiene cosas mágicas, seguiré creyendo que hay diferentes formas de ver la vida, que hay muñecas de palo que bailan, y que después que amaine lo que antes fue tormenta, después de sacar la tierra de mis ojos, podré contemplar lo que me ha traído el tiempo, el recuerdo, y mi amigo el viento.

Comentarios2

  • JUSTO ALDÚ

    Una vez mas el más vivo exponente de la prosa poética. Muy bien querido amigo, como haces soñar al lector.

    Saludos,

    • Sandro Tovar

      Hola Justo que tal, aquí andamos, esperando al tiempo, haciendo a la vez que se nos acerquen nuestras moscas convertidas en letras y logremos atraparlas para decir algo bello. Un saludo y gracias.

      • JUSTO ALDÚ

        Tu siempre dices cosas bellas con las moscas convertidas en letras. Pienso que debes hacer una compilación de todas éstas bellezas y hacer un tiraje. Algo breve; tal vez unos 20 o 30 escritos, presentados en forma de cuentos.

        Recibe un gran abrazo,

      • joaquin Méndez

        Excelentísimo y bellísimo relato, fantástico y real, tal vez muy real, yo lo entendí, a si...de real.
        Me encanto tú forma de escribir y te seguiré a menudo en tus escritos.
        Abrazo amigo.



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