Ellie Woonlon

Poema del perdiguero

Te dejaste un puñal olvidado,

en el hogaño de este pecho;

y en el lecho de tu brial,

dejé caricias sin remuerdo.

 

Te dejaste una quemadura,

en la bruma del recuerdo;

discuerdo de si la escura,

permuta ardor por incienso.

 

Te dejaste la sonrisa,

que flordelisa al indefenso;

la dejaste benevolente e inofensiva,

marchitándose en mis tiestos.

 

Te dejaste en los rizos,

los mimos de un presunto;

y dejaste que se opaquen,

con el aleteo de tu vuelo.

 

Te dejaste en la deriva,

un desamparado buscándote;

busca una perdiz blanca,

bajo el cielo nocturno.



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