Ellie Woonlon

Poema a la señorita mayor

 

Sonaba un cascabel,

y un jilguero se posó en tu cuna;

llamó a los ángeles esa vez,

tarareándoles que aprendan de ti,

relucir su talento con soltura.

 

Picoteó la baranda,

y una risita se le escapó al alelí;

una Aurora nacía al alba,

y de dones no la había que bendecir.

 

Princesa hermana,

de mil talentos traslaticios al arte;

haces de tu sonrisa la causa,

ay, finura de facción afable,

de transformar al color en dulce pastel.

 

Poco suave es mostrarme tan ufana,

de ser pariente de talento andante;

hace mucho tiempo de que eres humana,

hace dieciocho años  que ya no eres ángel.

 

Se prepara la orquesta,

mientras cae el mantel;

cubiertos en la mesa,

y qué melodía de chinchines.

 

 

 



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