Antonio Segar

AÑORANZA

Anoche soñé con el fruto prohibido de una ilusión.

Un deseo irracional y una esperanza al caminar.

Trazando un rumbo incierto, confiando en el azar

cierto día nos conocimos sin ninguna pretensión.

 

Caminando enamorados nos perdimos embobados

hasta llegar a un valle por un tenue sol iluminado.

La luz indiscreta delató nuestra discreta presencia

y una hermosa primavera desveló la real esencia.

 

Las horas pasaron sin notar la debida percepción.

Una mirada de complicidad a la locura nos abocó.

El recelo marchó y el pudor también desapareció.

Bendito amor, el mundo nos otorgaba su bendición.

 

El tiempo ha pasado y el verano se ha marchitado.

Con él otoño duerme la pasión y asoma el lamento.

No arde la hoguera y no grita el deseo desaforado.

No prende la cálida llama y aparece el desaliento.

 

Abrazando un rotundo silencio nos dijimos adiós.

Sedientos de un amor, sintiendo un inmenso dolor

evocando su calidez y un momento entre los dos.

Un adiós dibujado en un hermoso poema de amor.

 

Al fin aprendí lo que un sentimiento hace padecer

pues el principio es ilusión y el final abnegación.

Emoción que partió fugaz como una ensoñación.

 Más a pesar del ayer sigo añorando aquel querer.



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