Ella

Xabier Abando



 

Dejar bien claro deseo,

por si alguna duda hubiere,

que reencarnarse requiere

un alma en la que no creo.

 

Metempsícosis aparte,

ella nació el mismo día

que en Buenos Aires moría

Eva María Duarte,

 

que, como todos sabréis,

no es otra que Eva Perón,

fue el año cincuenta y dos,

mes de julio, el veintiseis.

 

Fue un capricho del destino

una simple coincidencia,

no tiene más trascendencia,

yo, al menos, es lo que opino.

 

No hablaré de la memoria

de Evita -así se la nombra-.

de cuyas luces y sombras,

ya se ha ocupado la Historia.

 

Esto va de un homenaje

a una, menos conocida,

persona que fue en la vida

mi compañera de viaje,

 

llegada muy oportuna.

Con ella tantas vivencias

y tan gratas experiencias

compartir fue gran fortuna.

 

Estábamos siempre juntos

con ella yo, ella conmigo,

yo fui, ante todo, su amigo,

la convivencia fue un gusto.

 

Como era nuestra ilusión,

formamos una familia

nos nació una hermosa niña

que acrecentó nuestra unión.

 

No paraba de crecer

y, tal como siempre pasa,

un día se fue de casa

la niña, hecha ya mujer.

 

Ese día, de aquel año,

yo con ella, ella conmigo,

solos mujer y marido

proseguimos, como antaño.

 

Un día aciago el destino

quiso que ella se apeara,

para que yo continuara,

en soledad, mi camino.

 

Solo quien lo haya pasado,

cabalmente entiende el duelo   

y el tremendo desconsuelo

de perder al ser amado.

 

Postrado en la soledad,

me tocaba reinventarme,

y tuve que levantarme

y buscar la sociedad

 

para el dolor atenuar;

por más que uno nunca olvida

el gran amor de su vida,

es preciso continuar.

 

Yo logré normalizar

mi triste vida, hasta el grado

de que encuentro un cierto agrado,

ahora, en socializar,

 

pero, a menudo, sucede

que, por simples pequeñeces,

por tonterías, a veces,

la cruel nostalgia me agrede,

 

y si hay cerca una botella

de vino, por ella brindo,

en recuerdo de lo lindo

que fue el pasado con ella.



© Xabier Abando, 26/07/2020

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