oscar perdomo marin

NACER Y MORIR

Oscar Perdomo Marín

 

NACER Y MORIR

 

Estrújate el alma…sácalo todo.

Deja que las formas se arruguen en una pasarela.

Eso es: lo que pasa es lo fugaz,

las bambalinas de un instante que te levanta el “Yo”.

 

¿Qué aconteció antes de ti? ¿Realmente debe importarte eso?

 

 

Somos fatuos desbordados de preguntas.

¡Qué complejo es el primer grito de un niño cuando nace!

La criatura viene con todo el “Ay” del mundo.

El grito es primero que la palabra. Está antes que todo.

 

¿Por qué no terminar de aceptar que somos humanos?

Si eso ocurriera alguna vez, dejaríamos a Dios en paz

y el viejo se moriría de aburrimiento en la Eternidad,

porque nadie intentará imitarlo por todos los siglos de los siglos.

 

Yo ignoro si las vísceras ven, pero sospecho que sí.

Hay una conexión que nos vincula con una proteína en el mar,

la madre de este terremoto de avalanchas llamado vida,

tan gigantesca como un instante y pequeña como el infinito.

En esa vorágine somos apenas un grano de polvo.

Eso tiene que ver con la inteligencia y la bestialidad:

rara mezcla que conservamos

desde mucho antes de los remotos tiempos del hombre de Cromagñon.

 

Me enteré de la existencia de una nueva ciencia

sobre la devaluación de lo devaluado

o el camino más expedido para volver a la barbarie

 y devorarnos unos a otros.

Parece incoherente, pero: Ojo, solo parece.

El tema es que todo el mundo sabe lo que no sabe

y como no lo sabe, habla disparates y quiere conquistar la última galaxia.

 

Yo no sé, a partir de qué referencia, se es el último o el primero.

Todo el mundo quiere saltar sobre el otro por un mendrugo de pan:

llámese dinero, un puesto en primera fila, la sobra de un restaurante

de la Vía Venetto o el Palacio de Versalles.

 

La degradación tiene sus jerarquías:

ese es el camino de la eterna compraventa

para reducir la dignidad a un plato de lentejas.

En esa perspectiva me da por pensar

que el cuadrúpedo humano domina al bípedo humano.

Es muy difícil permanecer de pie la mayor parte del tiempo.

Por eso me admiro cuando veo a un periquito dormir de pie.

 

Al dilema de Shakespeare de ser o no ser le añado una pregunta:

¿Cómo aligerar la carga del diario vivir? Y otro más:

¿Cuál es el fin y cual el principio?

Yo no sé si en algún momento aceptamos con sinceridad que la vida es corta.

Finalmente ¿Qué es la vida?

No tengo respuesta para definir un milagro

entre el instante en que nacemos y en el que morimos.

 

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