Arnoldo Alonso

Dos ancianos en la obscuridad

Qué lindo es ver que la niña en ti no ha muerto;  

que sigue viva; 

que quiere; que llora; que tiene sus berrinches y sus vicios en la obscuridad. Como si los muertos todavía nos vieran pecar; iluminando nuestro camino  

diciéndonos “Ay sí. Ay no. Sigue. Sigue. Confía en ti carajo. Por qué la tardanza. Por qué el miedo. Por qué la torpeza en el mismo agujero  

de nuevo 

de nuevo. Levántate carajo. Que yo  

te conozco  

bien.”  

“¿Verdad que estoy bonita?” le pregunta Lourdes al coronel García.  

“Si vieja. Siempre fuiste. Y siempre serás las más linda.” el coronel responde.  

“Ay, no me vengas con perspectivas. ¿Estoy bonita?” y sonríe. Su sonrisa es linda; todavía de niña. La misma sonrisa que tuvo a los seis cuando estaba chimuela; 

ahorita,  

a los sesenta y seis;  

todavía la tiene. “Si vieja. Estas buenísima.” le dice el coronel mordiéndose los labios como adolescente de catorce años. La pellizca. Ella está de enfrente. Los dos se ríen  

en la obscuridad. “Ay zonzo.” “Ay, gordita.”  







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