Alejandra Hurtado

Ella

Ella era como una tumba añejada, pero no, no como aquella que cubre un cuerpo inerte, sino cómo aquello que florece en esa tierra infértil y devuelve la vida.

 

Tenía los ojos como quien tiene más historias marcadas en su cuerpo que años de vida, con gestos inusuales de los que solo ella conocía su significado y el recorrido para expresarlos.

 

Sus manos habían tocado lapiceros como pieles, siendo privilegiadas aquellas que se plasmaban en las hojas que guardaba en su mesa de noche y pasaban a la historia.

 

Ella creía en la noche como el devoto en el sacerdote, sacando cada espina que en su piel encontrara, dejando todo a un lado y desapareciendo solo por unas horas.

 

Comentarios2

  • DFV

    Se nota tu inspiración en cada verso que has plasmado, encantado de leerte. Un cálido abrazo poeta.

    • Alejandra Hurtado

      Muchas gracias por leerme.

      Saludos

    • jose S.W.

      Ella creía en la noche desapareciendo por unas horas.Con todo el control sobre sí misma.
      Un saludo Alejandra.



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