J.R.Infante

Un hombre de carne y hueso



En la paz de la umbría, rectamente
va abriendo surcos de esperanza, canta.

Un cuervo grazna, la mula se espanta,
chirriantes latigazos sabiamente

median, gime. Despliega ferozmente
al aire amplio abanico, mano santa,
entierra el incipiente embrión. ¡Maldita
lucha! Ríe. Retorna pacientemente

al duro terrón deforme. Una nube
presagia tarde de tormenta, grita.

Blasfema. En mágica alfombra se sube

volando en feliz futuro. Se irrita
con la delicadeza de un querube.

Piensa en sus hijos, su mujer, tirita.



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