Arnoldo Alonso

Bettyta Barajas

(1)   

El amor cuesta—  

uno invierte lo más precioso de su vida:   

tiempo, cosa   

que marcha…  

que no tiene, vuelta  

atrás.   

  

  

(2)   

El reloj de arena   

el que tienes sosteniendo con tu mano derecha   

déjalo, no lo voltees  

con tanto giro, pierdes el tiempo   

y solo emites   

frustración.   

  

  

(3)   

Respira, ama como Sócrates   

y no esperes nada   

ama  

con todo tu corazón   

y con paciencia, nunca  

intentes de voltear la moneda   

el tit-for-tat solo produce estratega

estrés,   

y guerra—

haciendo de los dos, un vil   

perdedor.  

  

  

(4)   

En el amor como en la guerra   

el ego te deja a ciegas   

el perdón y la confianza   

se avientan por la ventana;   

los heridos caen y las tumban bajan   

enseñándonos que polvo somos y esto—  

siempre será  

pero si volteamos las cuartillas   

del hebreo al griego   

uno encuentra   

que solo la palabra da vida   

y con ella   

todo muerto, resucita.   

Qué lindo es el logos plural, las parábolas sin mesita   

una caricia necesitada, un perdón sin pupilas dilatadas 

un amor, una amistad; dormir debajo de una palma con brisa   

estar cerca del río Jamapa, del malecón   

y del mar. Qué lindo, es tomarse un caracolillo—  

de café colombiano   

y flor de caña; agitarlo; sentir su frío;   

ya conocer la casa sin preguntarle a Claudia, enseñarle a Dulce  

cómo hacer un pie de manzana y darle su toque final; y de servir este caracolillo   

sin derivar ninguna sola lagrima. Afuera  

lo hermoso de Xalapa, adentro   

orgullo 

y los huevos de los dos. Son dos hermosas almas

amiga   

que solo necesitan, como todos

confianza   

vulnerabilidad   

 

comunicación. La soberbia   

se convierte en las pesadillas   

el subconsciente,   

el Freddy Krueger,   

de nuestra   

prisión. ¿Te acuerdas de nuestra conversación pasando La Antigua?   

Que Hernán Cortés y Malinche dan hueva   

el teléfono vibró, abierto El Chopo   

tenía   

toda comunicación. Gracias, por ser mi amiga   

y poner atención que mis calcetas   

estaban mojadas y frías   

y por ser como Chente, dándome   

tu camisa—  

El Chopo con tu suérter  

y yo con tus sandalias de niña. Feliz cumple años   

y que Diosito me los bendiga.   

 

(5)  

Lo hermoso de la campechana  

no es el vaso 

sí no, que siempre en ella  

bien mezclados

van  

los dos 



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