Havid Stiven

Cenizas De Vida


Suben decibeles de alegría lentamente, burbujas flotan en el aire lleno de ceniza y hélices de lentejuelas mareando poco a poco y constantemente.
Turbia veo mi sombra consumiéndose en el suelo, encuentro donde recostar mi alma tan solo en el aire que acaricia ligero al tocar en medio mis dedos. No veo que tan extensa es mi línea de tiempo, no sé a donde ir ni de donde vengo.
Dentro de mi hay notas musicales de una canción sin letra melódicamente sobrellevadas a gritos en mi mente. Hay un perchero lleno de abrigos y problemas de existencialismo a punto de romperse.
Estoy tocando el fondo de mis lágrimas y sintiendo rocas rozando mis dedos, es como una caricia o un eterno sueño por horas, flotando en la inmensidad de mis contrariedades a un paso de tocar la puerta del cielo, por ahora en demora ya que me he encontrado con algunos de mis sueños.
No es fácil volver a casa aún cuando es hermosa y los caminos son eternos; sin embargo estoy lejos, atado al zócalo de una silla vacía a la cual se abraza un pequeño recuerdo tumbado en el suelo como un ángel sin alas, un belcebú sin cuernos. Ese demonio angelical que escribió una carta dirigida a quien no ha amado y ha estado ahí, a ese alguien que no puede negar cuando se equivoca en lo complejo de subsistir, que guarda un poco de curry que agridulce hace su vida como la palabra nunca pronunciada en su corazón ,tocando cada cuerda vocal como queriendo destrozarla.
Y en aquella carta dejó su corazón y con él un mensaje:
Ustedes luces de la ciudad permítanle por favor reír y llorar, caminar todo el día, perder el tiempo y como Chaplin la boca cerrar, denle un abrazo eterno de amor o simplemente para dejar de respirar.
Havid Stiven



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