Ingrid Zetterberg B.

EL ÁNGEL DE LA MUERTE

 

EL ÁNGEL DE LA MUERTE

 

 

Amado mío,

recíbenos en tu regazo

si tenemos que partir adoloridos.

 

El reloj va marcando las horas

en su trágico tic - tac.

Su monótono sonido

me recuerda

los pasos asesinos

del ángel de la muerte...

 

Es una sombra inquieta

que apaga los latidos...

Ya está a la puerta.

 

Envolverá a tus hijos

en sábanas negras,

a tus elegidos

que con caricias formaste.

 

Aturdidos

cual pájaros sangrantes

volarán hacia tus brazos.

 

Amado mío,

si habrás de llamarnos

en este tiempo sombrío,

no olvides guardarnos

un lugar

en tu universo bendito.

 

Ingrid Zetterberg

 

Dedicado a mi amado Señor Jesucristo

 

De mi poemario

"Joyas de mi alma"

 

Derechos reservados

Safe Creative Cta. 1006080193112

Comentarios3

  • kavanarudén

    Profundo sentir.
    Un grito desde lo profundo del alma. Una plegaria a la cual me sumo.
    Un placer leerte mi querida Ingrid. De mi parte un fuerte abrazo.
    Kavi

    • Ingrid Zetterberg B.

      Gracias querido amigo Kavi por asomarte a mis sencillos versos y dejarme tan grata respuesta. Un abrazo.

    • Hugo Emilio Ocanto

      Me uno a tus letras, y las aplaudo, Ingrid.
      Un abrazo, muchacha.

      • Ingrid Zetterberg B.

        Gracias mi estimado amigo Emilio por visitar mis versos y dejarme tan grata huella. Un abrazo.

      • Juan Q

        Yo no creo en ese "lugar en tu universo bendito". No obstante, la belleza de estos versos me conmueve y los agradezco.
        Un cordial saludo.

        • Ingrid Zetterberg B.

          Gracias Juan por visitar mis versos, y dejar tu grata huella. Aunque reconozco que me entristece cada vez que alguien me dice que no cree. Un saludo.

          • Juan Q

            Pero el problema no ése, Ingrid. Usted no tendría que entristecerse por mi no-creencia en su fe, que para mí no es una más de una de las muchas que existen en el mundo. La tristeza debiera darse cuando uno se piensa y se siente "muy fuera" de los demás. Ese egoísmo.
            Creer no es garantía de nada. Hay gente con fe que no es feliz. Hay gente con fe que daña conscientemente a sus semejantes. Es un hecho. Y por el otro lado, no creer tampoco es garantía de nada. Lo que cuenta es un buen corazón, saberse perteneciente al mismo árbol de la vida y actuar en consecuencia. Los budistas no creen Dios. Los animistas creen en espíritus. Los musulmanes no creen que Jesús sea Dios. Para mí el universo es incompresible, y nosotros somos parte de su misterio. Los sentimientos, las ideas, los sueños, las expectativas adquieren en cada uno de nosotros un color desigual. No debemos sentir tristeza por eso, al contrario. Es una alegría ser diferentes en la forma y semejantes en el fondo.



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