25.

Hija de Dios

Dios te desconoce, a ti, quien contempla la muerte, pues si conociera el misterio y rencor que te envuelve y vela, quedaría ensimismado con tu rostro.

 

Tus lágrimas saciarán su sed, y tu llanto alimentará su alma, no habría cobijo ni amparo para tu piedad, pues Él desconoció de tus miedos y saben que no les debes nada, más que fidelidad a ti misma.



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