Cesar Busso

El té de Manzanilla

EL TÉ DE MANZANILLA

 

Llegó la noche, todos cansados.

Sobre la mesa, una rosca y una medialuna,

fortuitas sobrevivientes de una contundente mediatarde.

A nadie ya les interesa.

 

Una de las niñas es obligada a lavarse los dientes,

bajo amenaza de reunión íntima con el dentista en dos días.

La otra parece haber terminado las tareas,

Ha subido a su habitación en silencio.

 

Que tranquilidad! Estaré en la mejor parte del día?

De pronto una voz: Amor, me hacés un té de manzanilla?

Y con las últimas fuerzas, me dispongo a calentar el agua.

Todo sea por mi bello amor,

Que si no, me hubiese hecho el dormido.



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