FrancoBouzas

LA HABITACIÓN

 Caos. Ruido. Los autos pasan por mi costado y la música de los vecinos no me deja dormir. En otra habitación hay una familia peleando y en la puerta los tranzas negocian por armas.

 La música es cada vez más fuerte. Los gritos se vuelven violentos, escucho que él toma un arma y ella grita por piedad.

 Mi pared llora y sus lágrimas caen hasta el piso de abajo.

 El techo me aplasta. Me sujeta a la cama mientras me fumo los recuerdos de un amor que no supe aprovechar.

 Ahora estoy solo. Sumido en la nada, mientras los vecinos se ríen a carcajadas por lo que le paso a la vecina.

 Sigo acostado, viendo como el humo del sahumerio desaparece por la ventana y se mezcla con las luces del patrullero que vino a ver qué pasa.

 Cierro los ojos, respiro hondo y me voy a un campo de lavanda y menta que penetra mis pulmones. Una simbiosis de armonía.

 Están por derribar la puerta de al lado. Logro escuchar como la puerta se va astillando y la cerradura cede ante los constantes golpes.

 Hay alguien más llorando. Las risas se convirtieron de pronto en susurros de preocupación.

 Ya nadie ríe. Ya nadie llora. Ya nadie habla.

 Silencio.

 La puerta estalla y la policía entra con sus armas en alto.

 Las últimas cenizas de mi cigarro caen en el suelo y se funden con su sangre.

 Ahora me mi rostro esta contra el suelo y la rodilla de un oficial me aplasta.

 Cierro los ojos, respiro hondo y me voy a un lago de sangre que penetra mis pulmones. Una simbiosis de armonía.

 Orden. Silencio.

 La habitación está en calma. Por fin, voy a poder descansar.



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