Saturno.

Rota

No queda recuerdo del último abrazo,

pobre dicha de las gotas del primero: fugaz y juguetón a la mirada,

solo eterno en la piel con su recuerdo.

 


Pocas veces veía mi reflejo en tus ojos,

sabía que brillaban alucinantes, sin robar al sol una sola pizca de su luz en grandeza.

Lo hacían solos, yacía anhelo en su café oscuro.

 

 

En la travesía de tus labios viajan fantasmas en voz de fantasía,

encadenados al "hubiera",

que quedó estropeado por las huellas de un amor agonizante con velo de poesía.

 

 

Quedan caricias a las que tus manos han decidido aferrarse,

tu piel se deshace de su pureza para hallar con amargura la esperanza de la promesa,

y esta, queda a la espera del roce con mis labios,

al desesperar de mi consuelo vacío y marchito.

 

 

Huye al salto de gracia,

sin condena alguna a tus lágrimas ácidas y tormentosas,

toma el calor de aquel cuerpo ajeno que te devuelve la calma y sacia tu locura en las espinas de su alma.

 

 

Pierde en el eco de su nombre el suspiro del mío,

esconde tras su cuello la sutileza de mi perfume atrapado en tu silencio,

miente con ternura a tu deseo y al suyo.

 

 

Pinta la danza de ilusión sobre tus pestañas,

no mirarás más que la nostalgia del "hubiera" en mis brazos,

y al esclavo dolor de tu deseo encaprichado bajo el suelo en el pisar de mi palabra.



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