Compañía 457

Cirro

La poesía se ve, digamos, diáfana como el agüita cuando notamos parte de su gravedad, de su olor a comida fresca, de su temple tan de ella, y he ahí que mi interés siempre repara en las poetas o más bien en sus vidas y no los rasgos generales sino, ojalá, los más distintivos, y casi todos, en algún punto, parecieran expandirse más allá de sus nombres, cosa dificilísima por no decir imposible, porque miren a su lado: padecemos una inconsciencia vestida de certidumbres, mi nombre es y cuánto más, y bueno, no es que sepa cómo es la conciencia salvo por apenas intuir una especie de humildad asombrosa, poética, lo indecible de todo y lo contradictorio de este.. ¿a qué iba? En fin, denoto plasticidad. ¿Dije denoto? Desde la primera vez ha sido ser los colores. Y desde mi infancia ese ha sido el juego.. ser los colores. Y los poetas algo de eso que se me queda en las partículas del mirar tienen. Tienen mirar algo de poetas. Debe ser la hora, chicos, perdón. Ah, sí: la poesía, la tierra, la montaña, las roturas. El castellano nos queda pesado. Pero que la cultura, a pesar de este ritmo, jamás aplaste a la vida, ni a la lectura de las carreteras flanquedas de amarillo y árboles y lo que después se vuelve mirar, sanar. 

  • Autor: Cirro (Offline Offline)
  • Publicado: 1 de marzo de 2020 a las 23:29
  • Categoría: Sin clasificar
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