Esos ojos tuyos, dama,
que son como dos luceros,
me van encendiendo el alma
cuando yo más quiero verlos.
Son puñales afilados
que se clavan muy directos,
para herir ese gran músculo
donde habitan sentimientos.
Esos ojos que tú tienes
tan hermosos y tan bellos,
llenos de tanta dulzura,
son como vivos destellos.
Azules son sus pupilas,
azules como los cielos,
y en ese azul tan profundo…
¡muero de amor y de celos!.
Classman

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