Hugo Augusto

Santo Domingo

Es domingo. A las faldas del peñón comienza la vida del pueblo. Abren sus puertas los comercios que visten las banquetas con coloridos bordados y artesanías. Deambulan sombreros y rebosos. Doña Juana ya barre su lugar con el esmero de un día nuevo.

            Se siente el frío previo a la plenitud del Sol que más tarde acariciará las bugambilias y calentará el ánimo de los turistas. Mientras tanto, ya está listo el café con piloncillo y el pan de los chinos en una de las esquinas de la empedrada. Las nubes emprenden su retirada momentánea.

–Hará calor, –comenta doña Juana. Para aguantar, están preparadas las aguas frescas, hay de horchata, jamaica, guayaba, limón y fresa.

            Llegó ya la marimba. Hoy también es día de fiesta, del patrono Santo Domingo. Después de la misa en catedral comenzará el primer “bolillazo” que hará temblar la madera musical. Con sus mejores atuendos, esperan ya el baile mujeres de varias etnias: tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame. Se acercan los sombreros portados arriba de la blanca manta. También, los enmascarados que con orgullo se nombran zapatistas.

            Hoy es día de fiesta y hasta la policía municipal va a bailar. Santo Domingo trae bendiciones y una tregua no pactada. A pesar de la pobreza, se ha reunido el dinero para el festejo, siempre se junta. Los fuegos artificiales tronarán a todo lo que den. Los perros van a asustarse y uno que otro niño también.

            Este año ya no estará Tatic Samuel. Aun así, hay fiesta. Se dice que vendrá el gobernador. Los caciques lo esperan… los anarquistas, también. No será una noche cualquiera.

 

Otoño 2015



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