Marcos Gaviola

La Inmaculada

No hay lugar limpio donde posar la mirada,
no hay persona alguna que podamos contemplar:
el ser humano es un hermoso jardín
afeado con basura.

Así somos los seres humanos,
así somos todos los hombres:
hasta los santos, y aún los santos mártires,
y los santos inocentes, limpiados del pecado
por la sangre derramada.

Y las santas inocentes, por Herodes martirizadas.

Santos limpios, santos inocentes,
Santas limpias, niñas inocentes,
pero en realidad santos y santas limpiados,
pues en su sangre fueron bautizados.

Ni los santos inocentes fueron del todo inocentes,
Ni las santas fueron tan inocentes,
fueron hechos inocentes, si,
pero por un instante estuvieron sujetos al pecado:
al pecado original,
hasta que fueron bautizados,
hasta que fueron bautizadas,
en su propia sangre derramada.

Es una pena: ni los santos estuvieron inmunes:
dondequiera que miramos,
encontramos la sombra oscura del pecado, 
la oscura tristeza del mal.

Así somos todos los hombres: jardines sucios,
hermosos jardines sucios.

Pero… hay uno: un huerto cerrado
donde nunca entró el pecado
ni siquiera uno
ni siquiera un pecado ya limpiado
ni siquiera un pecado en su origen,
un huerto hermoso, original, inédito.

Hay un huerto cerrado desde el origen

hecho de flores, 

y de perfumes, y de colores
Un huerto limpio, limpísimo desde el origen.

No hay ningún hombre limpísimo,
pero hay una mujer Inmaculada
gratia plena
cuyo nombre hace huir demonios,
Y ahuyenta las sombras:
Llena de Gracia.

La Gracia la llena, y se derrama
y se vuelca, y embellece, y limpia, y sana,
y riega, y fecunda, y da vida
aún en los sucios jardines de los hombres
aún en los imperfectos jardines de las mujeres:
en los jardines de todos los hombres
en los jardines de casi todas las mujeres.

Hubo un Hombre, un Niño, fuente de Gracia sí.
Es cierto, no me he olvidado
¿Cómo podría olvidarme de Él?
Gracias a ese Niño
los hombres no morimos de vergüenza
frente a la limpieza de la Mujer.

Un solo Hombre sin pecado:
Era Dios, era Hombre
humano, Encarnado
limpio, puro, inmaculado.

Limpio e inmaculado Niño
necesitaba un vaso adecuado:
un vaso que lo contuviera
un vaso que lo acunara
un vaso insigne

vas insigne devotionis


un vaso limpio para contener la limpieza
un vaso digno
un vaso de carne para la encarnación,
para la primera transustanciación
un vaso espiritual
un vaso de carne
un vaso donde la carne reciba a Dios
y Dios se amalgame con la carne.

Una Madre Inmaculada,
Una Reina servidora,
Humilde por ser servidora,
Bienaventurada por ser Inmaculada
Abogada, intercesora.



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