Juan Gabriel Zárate Villalba

Soneto de Adán para Dios

 

La dulce voz lejana de tu aliento
se apaga más y más a cada noche;
y el viento me acaricia con reproche
con cada ido minuto de momento.

Siendo alba en esta noche mi lamento,
yo queriéndome en mi voraz derroche
también morir quisiera como anoche
cuando tu dulce voz se llevó el viento.

En la oquedad mi boca desemboca
tu nombre en un mortal incertidumbre
que, de momento, soledad provoca.

Siendo fruta el pecado en la serpiente
impregnó mis entrañas al herrumbre
avivándome un llanto reluciente.



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