FrancoBouzas

CHE LUNA RUACONO

 Amarga la noche

 que sentada encima de mi rodilla,

 curvabas tu espalda como un arco

 mientras mis flechas penetraban en tu alma.

 

 Me llorabas como si fuera un Dios,

 y simplemente era la muerte,

 que te enterraba bajo las frazadas

 protegiéndote del frio de Julio.

 Tus manos recorrían mi pecho

 donde estaba sellado mi corazón,

 los suspiros nos dejaba con ganas de más

 y la poesía llenaba la habitación.

 

 La cama estaba inundada de nuetras lágrimas

 y aun asi,

 navegábamos con los ojos cerrados,

 guiándonos por el sonido del mar,

 donde las sirenas nos guiaban hacia la locura.

 

 Las olas nos tapaban

 y ahogaban las notas del último suspiro,

 mientras mis ojos veían

 el desastre que había cometido.

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.