A. Martinez

Lejos.

 

Lejos, lejos, aún más lejos,
lejos no me alcanza
para decir donde está usted
ahora, precisamente ahora,
que la mañana cumple
su promesa de regalarnos
un día nuevecito,
ajustadito de luz,
un día que se llama como aquel,
si, aquel que se incendió la tarde,
aquel mismo que usted y yo
bautizamos tan sabrosamente,
desnudando una por una
verdades y palabras,
cuando vernos, dejó de ser
una canción en pausa,
y su melodía liberada,
nos llevó al centro sísmico
de los antojos complacidos,
desatados sobre caudal
más refrescante y sano
que nos ofrece este planeta,
cada día más caliente.

 

Eduardo A. Bello Martínez
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