AMOR PURO

LA ENTREGA ENTRE DOS SERES

El sentido de la vida es: la gratuidad del amor, entregarle a alguien todo el amor que se tiene -para dar-.

Tanto mejor sería que como seres amorosos lográramos la realización del amor, en la entrega del amor fraternal: en la asistencia del necesitado, en el auxilio del excluido, mas es una exigencia que sin el llamado resulta difícil de sobrellevarse, al menos inicialmente.

Está este otro aspecto del amor, el amor entre dos, el amor conyugal (Eros), el amor que se hace pleno tendiendo luego hacia el amor filial (Philos) al forjar una familia y al fraternal.

En cierto modo el ser humano -siendo un ser amoroso- siempre está buscando su complemento pues se percibe incompleto, no puede estar sólo porque necesita darse para que todo tenga sentido.

Todos fuimos hechos para no estar solos y creemos en esa entrega mutua que hay entre dos, emergente fusión de dos seres que encuentran cada uno en su par el complemento que los sume en la plenitud.

En el darse está la plenitud, así, creo en el Amor desde la esencia misma de cada ser, que trasciende aun más allá de los pensamientos, aún más allá de los sentimientos, porque amar es más que sentir, amar es Ser.

Así, los pensamientos son los ojos de la mente, los sentimientos los ojos del corazón, mas del alma, es la fe el ojo del alma; amar es un acto de fe, un acto de esperanza, somos creaciones del Amor, para amar en todas las manifestaciones del Amor: Eros, Philos y Agápē.

La amistad, es sin duda, la más evidente forma de amar, porque un@ amig@ es esa persona que te ha dado todo de sí misma (entregándose) incondicionalmente, y es un@ amig@ precisamente por lo que ya te ha dado de sí en el lapso que se entregó, sea que se vaya o no, sea que vuelva o no.

Darse es también hacer lo que nos gusta desde la perspectiva del amor, así el empleo no es más un trabajo; amor a lo que haces, porque el amor es siempre inefable y creo que como seres amorosos el amor debe ser el punto de partida de todo y el propósito verdadero, la misión, la visión de cuanto se hace; con gran entusiasmo en trabajar (darse) por ayudar (a los demás) más allá de que sea una labor bien remunerada o no, con reconocimientos o no... y así están las dos cosas: lo que hacemos y la búsqueda de nuestro complemento; no es casual, todo está relacionado: la familia y el trabajo, la pareja, los hijos, el bienestar, todo; nada tendría sentido si no es por la felicidad del darse (amar).

No todos somos iguales y por eso no buscamos exactamente lo mismo ni de la misma manera; sé que todos tenemos un temperamento, el cual por lo general es mixto (dos temperamentos combinados) heredado de nuestros padres, con un temperamento más predominante que otro, o incluso un sólo temperamento puro (el mismo heredado de ambos padres), todos somos diferentes sin embargo tenemos caracteres positivos o negativos de nuestro temperamento los cuales compartimos con otros seres, pero también implica que habrán personas con temperamentos totalmente ajenos que jamás podrán entender a alguien que no posee un temperamento que no es el suyo.

Dado que se suscitan las incomprensiones esencialmente por los diferentes caracteres que emergen en cada quien según la configuración de los lados negativos y positivos de un temperamento, ocurre que tantas veces casi inevitablemente, y más sin conciencia clara de ello, en las interacciones, nos propiciamos daños profundos en el alma, unos con otros, es por eso que luego resulta necesario encontrar la vía para sanar los daños internos.

Sobre el perdón, creo que no nos haría falta el perdón como tal, al menos no del modo convencional, en cambio es necesario, sí, pero no desde ese punto de perdonar algo o perdonar a alguien por algo, en realidad no hay culpabilidad alguna; así, creo que perdonar (comprender), no es hacerle un bien a alguien, creo que mas bien es liberación, es hacernos un bien a uno mismo primero, creo más en eso, incluyendo el perdonarnos a uno mismo; así, no es hacerle un bien a alguien más, sino a uno mismo en el sentido de que podemos liberarnos de aquello a lo que oponemos resistencia y que nos genera una angustia que nos devasta; desde luego si alguien indudablemente nos hizo algún daño, tal vez más inconsciente que conscientemente, no obstante, que tal ser debe asumir con responsabilidad las consecuencias, incluyendo el perdonarse para liberarse por sí mismo también; sin embargo, por nuestro lado, perdonándonos nos liberamos de sombras pasadas que nos sumen en la desolación, en el vacío.

Sucede con gran probabilidad, ese alguien -que nos propició un daño- puede andar de lo más tranquilo, y por el contrario uno mismo sufriendo, entonces necesitamos liberación; de igual modo, cuando consciente o inconscientemente dañamos a alguien, buscar su perdón es un acto de liberación para uno mismo, puede ser que tal ser ya nos haya perdonado (comprendido) desde el momento mismo en que recibió el daño, en cambio, puede suceder que tal ser se esclavice en la angustia de su resistencia por el daño sufrido, en un resentimiento y deseos de venganza, entonces será él quien necesitará liberación: perdonar (comprender), ayudarlo es menester.

Creo que el perdón es una manifestación del Amor, así, el que ama, en realidad nada tiene que perdonar, es decir, no después, cuando al instante mismo está perdonando (comprendiendo), está amando, y así no se esclaviza a la tortura de la angustia por la resistencia ante el daño sufrido; el amor es libertad, es liberación.

Como seres humanos a veces tenemos que sobrellevar momentos de cansancio del alma alma; creo que en todo el trayecto de la existencia, las brumas no dejarán nunca de envolvernos, y aunque parezca que estamos consciente de desvanecerlas rápidamente, no siempre es así, a veces no percibimos cómo estamos ya totalmente rodeados de una pesadumbre aplastante, y aunque pareciera que fuera fácil ahuyentarla, desde luego no todos somos iguales incluso para afrontar esto, hay momentos que todo eso nos devasta y sin fuerzas caemos al suelo, y no tenemos la fuerza para contrarestar sus embates, y entonces nos aplasta, pero también eso mismo no puede ser permanente, y en algún momentos debemos resurgir.

En ocasiones, repentinamente nos ocurre eso de: la desolación de sentirnos totalmente perdid@s, de caer en una aplastante crisis existencial, de recibir los embates de la depresión: puesto que la depresión es eso mismo, morir lentamente, perdiendo el sentido de la vida y la existencia se vuelve una agonía; es una constante alternancia de pesadumbres y resurgimientos.

Creo que es indispensable tener fe y tener fe no es precisamente que una fuerza superior nos conceda lo que anhelamos de un momento a otro, es decir, no es que esa potencia nos haga un milagro para que todo sea perfecto, ante todo la fe es una apuesta, creo yo, que es una especie de reconocer que estando limitados en el espacio-tiempo carecemos de la perspectiva de eternidad; tener fe, es confiar en la Voluntad del supremo Amor y que hemos de hacer el máximo posible de lo que nos corresponde en cada momento pero desde la confianza de que el resultado depende de esa fuerza que conduce a la creación entera; tener fe es extender nuestra perspectiva limitada en el tiempo a más allá de este, tener fe, no es más que reconocer la Voluntad de ese Supremo Amor y aceptar los resultados, cualesquiera que sean, tras haber hecho el máximo de nuestras posibilidades que también al no hacer el máximo sobrevienen las frustraciones, las insatisfacciones, el tedio...; tener expectativas mayores a nuestras capacidades y tras no alcanzarlas como se pretendía, emerge un cúmulo de angustias que siendo reiteradas nos sumen en un cansancio del alma; desde luego tras las pesadumbres queda una y otra vez resurgir sanando profundamente de modo paulatino.

Es normal sentirnos perdidos, en ocasiones, mas nos queda tener fe de que ese momento no puede ser para siempre, pues estando atentos puede irrumpir una señal que nos indique el camino a seguir, y nos queda persistir pacientemente en este trayecto en el que amar es lo único y verdaderamente importante.

La felicidad no es un estado final por conquistar, sino brevedades en el camino y por ello queda persistir y sustentar el aliento de vida en motivos (bendiciones) que el mismo trayecto nos concede.

Estamos hechos para vivir en pareja, ese acto mismo, es sagrado, creo que por otro lado, no sabemos lidiar con el hecho de amar en silencio, amar en la distancia, y amar en sacrificio (agápē), que todo esto también es posible, pero no es tan fácil como sólo decirlo.

Los pensamientos y los sentimientos no se separan del todo de la esencia, de pronto el corazón, que siempre es ciego, exige presencias cuando detecta la existencia de la persona a quien mucho se quiere; así, el corazón siente, y se aferra, no sabe si la distancia consiste en cinco pasos o mil kilómetros, simplemente exige presencias aquí y ahora, y entonces la mente entra en conflicto: en acceder a la disposición del alma que ama en lo etéreo sin esperar o en atender al corazón que ama en lo corpóreo y que exige presencias aquí y ahora.

Se puede amar a un ser desde el principio en un amor como entre niños, puro, sin pretensiones (apropiaciones), no obstante, siempre desconcierta cuando de pronto se comienza a querer (esperar) y el ciego corazón exige, por eso emerge un conflicto mental, como un estar en contra de uno mismo; pero también es posible aprender a amar en silencio, amor en sacrificio, sin esperar nada a cambio, ese amor termina transformándose así, en un amor infantil, ¿por qué?, ¿acaso porque así debía de ser?, amar no dejará jamás de ser desconcertante, acaso porque el acto de amar es un acto eterno, acaso porque amar de verdad es para siempre, porque no es posible olvidar un acto trascendental, así, no se deja nunca de amar, cuando es de verdad, tan sólo se transforma ese amor (de Eros a Philos).

Cuando alguien ama de verdad y el ser amado se convierte en la mujer o el hombre de su vida, según sea el caso, desde luego eso no puede cambiar de un día para otro, si acaso no es posible forjar una relación, no deja la otra persona de ser la mujer-hombre de su vida rápidamente tan sólo por tal motivo, se trata esencialmente de un proceso de liberación, un aprender a dejar de querer (pretender) para sólo amar (sin esperar); es desprenderse del ser amado, un dejarlo ir, que no es renunciar al amor, sino amar más entregánse en un sacrificio, que por Amor se antepone la felicidad del ser que se ama, no es fácil, ante el conflicto mental y la resistencia del corazón, pero es posible lograrlo, incluso con «dolor y sangre», para que ese amor se transforme como en un amor infantil, en un amor puro sin mayor pretensión que la felicidad de quien se ama aunque no a su lado, porque el amor cuando es de verdad no se olvida, así en el amor conyugal no se deja nunca de amar, sólo se transforma ese amor para poder amar a alguien más en esa misma entrega, la entrega entre dos seres.



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