Matias 01

DESAHUCIO

Se ha muerto seco,

de amargura,

sin alcanzar tus labios

embriagado y enredado a tu perfume,

ahogado en desteñidas esperanzas;

Se quedó colgado,

con sus vísceras como hojas muertas,

incinerado en su pasión,

fiel a tu frescura de metal,

con su traje final

de indiferencia como íntima mortaja.

 

¿Porque este títere implacable,

moriría tenaz en tus dulzuras?

¿Acaso nunca tuvo nada,

ni antes ni después?

¡Nunca fueron uno!

Siempre fueron dos hostias

en la vandálica voluntad de Dios.

 

Tú, ave palaciega, distinta de las otras,

innata sin orillas

por encima del aire, habitada

por el deseo, caudal desnuda

que se abalanza con ternura,

con sexo y con todo

lo que de ti se mueve libre;

El calor que te nace,

la humedad que consumes,

divinidad de diosa que llevas,

entregas, envuelves el sueño,

atrapas la vida y el instante es una playa

en que suspira

su alma desnuda en tus pies;

 

Tú, calamidad de hombre,

curvado en tu frente y en tu espina dorsal

si hubieras amado un poco menos

te hubieran amado un poco más;

En el destino hay hebras de amor

que no se tocan,

ni se encuentran;

hay cosas que se funden en el horizonte

y solo son quimeras

balanceándose en los sueños

que nos muerden las horas dulces

de platónico lirismo.



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