Denil Agüero

Ella me explicó los segundos

Yacía en mi cama, vagando el cariño y descubriendo el amor

a mis palabras de hacer conversación, dio cátedra de tiempo.

Escuché atento, atento también al suave movimiento de sus dóciles labios

cuando decían:

“el tiempo, osito, no son minutos u horas si no fueron pasadas con personas a nuestro lado”

“siempre un recitar de tibio repetir, hay más tiempo que vida”

“cuando naces ya eres niño, al jugar eres adulto, al salir del parque, la angustia de la espalda y morir”

“nunca aprovechamos la vida, el tiempo, cuando hay uno se va el otro, cuando tenemos los dos, hacemos el esfuerzo por votar alguno”

 

Tras un silencio deambula mi reflexión en el aire fogoso de los muchos respiros

ese raro silencio de los intentos de conectar los ojos y enviar las ideas.

Ella es de respuestas. Ella es de palabras. No podía quedarme en silencio.

 

Sus palabras me dejaron pensante, confundido, quizás enamorado

y lo único que me salió fue una sonrisa con tinte de entramada ternura

no sabía si abrazarla, agradecerle, seguir pensando sobre su tiempo,

pero ella sí que sabía lo que era una excusa.

 

Simplemente, de la nada,

regresó de golpe a mis labios

regresaron sus manos a mi espalda,

y regresó el mantra de su empalagosa voz al conticinio

para mantenerme despierto junto a ella

y lograr el sueño con sus arrumacos.

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