Elias Castellano

MÁS DE MÁS

Hoy escucho esa voz melodiosa
que agilmente transportan los aires,
y que entona una dulce sonata
evocando, los años fugaces...

Esos años de viejas cadencias
que eran años de duros trabajos.
Eran tiempos que el viento escondía
los secretos, las risas, los llantos.

Hubo días de un gozo infinito
que te hacían soñar vida larga.
Y hubo aquellos, oscuros y fríos,
donde el ansia de vivir, naufraga.

Pero, pasa todo, y todo llega.
Sin olvidar, la vida perdona.
Finge a veces ser sorda y ser ciega
y en su curso sigue rezonglona.

En su seno busca los recuerdos
que nos manda entre las dulces brisas,
y que a veces, son púas y cardos,
que entre frondas sedosas matiza.

Ya no están los hermanos. Ni padres.
Ni amigos de juegos inquietos.
Solo quedan las doradas tardes.
Lo que en ellas vivía, ya ha muerto.

Dulcemente nos lleva el sentido
a pensar que eran tiempos mejores.
¡Qué hábilmente nos borra el olvido
las pasadas penas y dolores!



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.