Hector Adolfo Campa

Incienso

Por las noches enciendo el incienso de mi alma,
con aroma a tabaco, caoba y hojas amarillentas
releídas doscientas veces, entre lujuria y sombrío.
Y del humo que de mis carnes se desprende,
danza retorcidamente un tango lento de fieras,
con un aire espeso de húmeda hambre carnal
y chimenea de caderas en jaurías ardiendo,
desmesuradas, mordiendo memorias
y bríos sin dueño.

Por piedad, ofrezco mi cosecha evaporada,
atiendo al olfato de la sangre
que busca en la noche saciarse de pieles,
de vahos lascivos y fiebres sin freno.

Mi ceniza se postra cautiva al suelo,
con el alma remolina en pulmones colmados.
Mi aroma se pierde plausiva en cieno,
al yacer donde yacen en las noches de incendios.



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