Julio Noel

De la celeste bóveda en los arcos etéreos

 

De la celeste bóveda en los arcos etéreos

se va muriendo despacio la noche estrellada,

a lo lejos, en el horizonte del saliente,

nace poco a poco una débil llama rosada.

Por el aire se oyen ya trinos cautivadores

que endulzan el tímido asomar de la alborada,

en el leve frescor de la brisa matutina

se licúa el aroma de las rosas perfumadas

y sus efluvios diluyen mis amargas penas

que en el éter se sumergen del viento en las alas.

En el riachuelo brilla la plateada corriente

que se aleja cantando su risueña tonada,

con ella se van mis atribulados ensueños

hacia un inmenso océano de verde esperanza.



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