andrea barbaranelli

Las puertas

Me muevo hacia adelante,

te agarro del brazo, por una

costumbre que aún no he perdido,

y me encamino contigo, o creo que lo hago,

superando la puerta, sin ceder

a la tentación de darme vuelta

para averiguar si la he cerrado.

¿Por qué no dejarlas abiertas

las puertas, para que pasen,

entren y salgan los fantasmas?

¿Por qué cerrar las puertas

que encontramos abiertas? Quisiera,

a esta altura de mi vida, avanzar

junto contigo, dejándome atrás

los viejos recelos y manías.

Trato de agarrarte y no te encuentro.

Trato de acompañar tu paso

y has simplemente desaparecido.

Estoy caminando solo, si es que camino,

si no es un movimiento ilusorio

este avanzar puerta tras puerta,

si de veras están abiertas las puertas,

si no las he cerrado y atrancado,

mientras me muevo con un gesto

que era mi gesto habitual y que ahora

se está volviendo poco a poco incomprensible.

 

 

 



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