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NOCTURNO XVIII

   Los vientos húmedos de junio

aúllan como lobos gigantescos

en el corazón de la montaña.

   La tormenta ruge

con la fuerza de una bestia,

con su voz de trueno

y sus ojos centelleantes

de resplandores azules y violáceos

que azotan la hondonada

con singulares látigos eléctricos.

Luego la lluvia negra torrencial

chispea y golpea con demencia

toda la materia.

Es como un fantasma siniestro

que corre sobre los tejados

dando ensordecedores retumbos

en esta estación gélida y nefasta

que dejará miseria y desolación

en todos los rincones.

   Así también tu fría indiferencia

cual tormenta perversa

se desata arrolladora,

 golpeando y azotando con fuerza

mi diezmado corazón.

   Fui crédulo e ingenuo

como el alma de un niño

por amar tu belleza

y tu sonrisa angelical

de un ser que no era,

sino una alimaña

con maquillaje de mujer.

No me percaté de tus gestos sombríos

que como funesto preámbulo

vino a barruntar desgracias

y descargó sobre mí

alfilerazos y certeros dardos

en mi desprotegido corazón...

Por eso quisiera ser viajero de espíritu libre

y estar perdido para siempre

entre las brumas del tiempo

y luego vagar y vagar en la noosfera,

gozando de reposo y asilo 

en el seno de la eternidad.

 



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