Julio Noel

Ingrávidos sonidos acunaban el aire

Ingrávidos sonidos acunaban el aire

al conmovedor fluir de la rápida corriente,

sus inasibles alas locas revoloteaban

en el flamígero despertar del sol naciente.

Mis conmocionados sentidos acariciaba

una melodiosa lluvia de trinos celestes

que por los espacios infinitos me elevaba

para besar los labios de la aurora naciente.

Mis sueños se deshicieron en tenues colores

en la armoniosa paz de aquel paraje silente,

en donde todo ardía en silencio y beatitud

en pos del rumor de la sonorosa corriente.

Dos amargas lágrimas se hundieron en el agua

para fundirse con ella en lazos permanentes

y dos profundos suspiros salieron de mi alma

para volar por los etéreos valles agrestes.

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.