Lucy Quaglia

Abogados

Abogados espantados,

enojados, colorados,

que emocionaron mi casa,

mi familia, mi nostalgia,

mi importancia de una hormiga

que busca por la terraza

las migajas que derrama

la gente con elegancia.

Carpinteros blancos, feos,

que olfatean a la muerte,

la ceniza, la conciencia

de los pueblos del oeste,

los tiroteos de Dallas,

los atentados de Francia

y las llagas de Brucelas

por un mundo que no llega

a encontrar ni paz ni calma.

Elefantes grises, rojos, verdes,

todos llenos de lombrices,

de cansancio con abrojos

y pelos en las narices.

Todas las mañanas

escucho la radio

que dice la  hora,

el tiempo del día,

la ciencia de todos,

la vida escondida

y los disparates

de la gran rutina

de gente aturdida

cuando se levanta

sin meta en la vida.

Diputados engreídos,

feos, malos, retorcidos,

que no tienen alma,

piedad ni cariño,

que no les importa

si muero o si vivo,

complejos de viejos

que se despertaron

cuando les llegaban

los últimos años

recogiendo en vano

eso que sembraron

en tiempos de antaño.



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