Macedonio IV

El pájaro enclaustrado

El pájaro enclaustrado,

con perspicacia feroz

descansa serenamente

en su jaula.

Come todo lo que puede;

recibe gustoso la mínima

atención.

Se baña largamente…

(El recipiente con que lo hace

almacena también el agua,

que a sus anchas, bebe).

 

El pájaro enclaustrado

NO CANTA.

Se reserva. Sabe de lo

que viene; lo siente

profundamente.

A lo que su amargo cautiverio y su antigua libertad,

le recuerda

prefiere cerrar su mente.

Se mantiene activo

dando pequeños saltos

con sus patas delanteras

(de hecho, las otras permanecen

como hasta ahora: traseras);

sube y baja de un irrisorio

palo de madera, al que se aferra

sólo por instinto.

 

El pájaro enclaustrado

revolotea con desgana

(casi por reflejo) sus molestas

alas.

Le recuerdan su desventura

(aunque en un tiempo

Grandes Verdades

le hayan enseñado,

ahora, lo desaniman).

De salvar trata, su ironía:

parece darle risa:

¡tan grandes y tan cercanas!;

¡ni siquiera voltear le exigen!

 

Con atención, mira la mano

que abre y cierra la jaula.

No se inmuta. Espera con paciencia.

Observa cómo, los creadores de

su destino (sus captores)

mueven las cabezas sinritmo;

bailan sin-sentido alrededor.

 

Aprendió que hasta Dios se equivoca.

 

Sabe que todo lo que dejó

afuera,

como hasta ahora, sigue.

 

Ve cómo se regodean.

Un éxtasis total los conmueve.

El pájaro enclaustrado, las alas

revolotea; brinca sutilmente: el que de comer le da

abre la jaula.

Aproxima su mano franca.

Acerca la palma.

Sube de un brinco, el pájaro enclaustrado (sin pensarlo dos veces).

De la mano del creador (dador),

atraviesa la jaula.

Se mantiene sereno.

Retoman su baile (los dos).

Vuelven a regodearse.

Ahora hasta cantan. Disfrutan con la inmovilidad

Del Pájaro.

Parecen saber algo,

que al Pájaro le recalcan:

bailan y cantan.

 

Una brisa renovadora pasa...

 



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