LUIS ADONAY VENEGAS LEYTON

Caminé mi pueblo...

Caminé mi pueblo…

 

Paso tras pasos caminando

como midiendo distancias,

sin olvidar miradas ni rincones

que se dieron y se grabaron

a fuego y surcos de tierra arada,

sin testigos…solo el tiempo.

Sí…mi único tiempo,

Mi tiempo ese que caminé,

en mi pueblo,

con pantalones cortos,

con pisada de madera

de suecos sin suela.

Escarchados y blancos

como piel helada….

y barro silencioso adherido y mudo.

Inseparable compañeros de vida libre

con la simpleza de los juegos callejeros

sin miedos y sin temores…

como despertando de un largo sueño…

Caminé  mi pueblo.

 

No había sol ni rayos directos

pinchando las ventanas

con vidrios y mirada opaca

por la humedad plomiza,

ellos…todos ellos

con la ayuda del viento travesía

intentaban corre los visillos

sin transparencias de la tristeza de las nubes

y sus colmadas bodegas

dispuestas a vaciar sus amenazas…

 

Con sus bodegas repletas de agua

galopaban rápidas

anunciando su llegada

hacían juguetear las montañas

casi negras de olas y hojas

creando rondas con canción de brisas

y voces de quebrada   llenas de ecos

de cuernos de antaño y voz de raza.

 

Las olas preñadas de humedad

de un cielo cubierto hasta los confines mismos

tañaban sus guitarras

arrastrando hojas y pasto seco

cerrando puertas, ventanas y claros de cielo.

como visitantes esperados

por tanto tiempo…

  • bienvenida la lluvia,
  • bienvenido el viento

y las sonrisas tímidas

de las pequeñas lágrimas

que en las lejanas cumbres

se divisan abrazadas a los recuerdos…

 

Caminar mi pueblo es sentirme jugando

en aquellos tiempos…como pendiendo de un hilo

que me hace sentir que estoy flotando

y adherido a todo lo que veo

sin sentir ni la distancia

ni el transcurrir del tiempo…



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