Antonio Encinas Carranza

A los ojos de aquella mujer

A los ojos de aquella mujer

 

No es tu cabello negro y blondo 

Los que me tienen deslumbrado.

 No es tu voz, que ya es mucho decir

Ni tus labios partidos, ni tu sonreir

Los que me tiene impresionado.


Son tus hermosos ojos color pardo claro 

y tu mirada tierna que me tiene embrujado. 

Ojos color miel que muestran lo mejor 

de la ternura y la dulzura de tu alma

germinada y enamorada.


Es el misterio que emana

del alma que se refleja

y me ofrece un mundo de virtudes.

Hermosos ojos que anuncian y prometen

un tiempo pleno de placeres.

 

Déjalos, que hablen ... quieren decir algo, 

no ves que todo lo ven y todo lo callan,

con su eterno silencio y su callada mirada, 

y la promesa de un paraíso a su lado.

 

 

En la eternidad de aquella fantasía 

visual y profunda, 

algo moría.

 

Inquiriendo saber el futuro cercano,

ya lo viste ... allende los mares ... 

el presente se volvió lejano.

 

 

Los ojos que un día me regalaste,

quieren confesar lo que el corazón siente,

deja que navegue en lo profundo de tu mirada,

en esa mirada, tan inmensa, tan intensa,

déjalos que hablen y digan su verdad,

que romperían con la soledad.


Aquellos ojos que conscientemente 

me los ofreciste 

sin tener en cuenta que soy un inconsciente

apasionado y vehemente.


A los ojos de aquella mujer

que volteó la mirada.


Autor: Antonio Encinas Carranza


De: Lima, Perú

D. R. 



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