Julio Noel

Ocres y oro en la tarde

Ocres y oro en la tarde

tiñen de color la vieja alameda,

que atraviesa un fino hilo de plata

por do fluyen mis penas.

En un viejo olmo canta el ruiseñor

un canto de amor a su compañera,

¡oh grata melodía

que a mi afligido corazón contenta!

Las níveas nubes se visten de grana,

cual las amapolas en primavera,

purpúreo icor de dioses vertido

en ígneas llamas de célica hoguera.

En fragoso silencio se sumerge

todo lo que me rodea,

tan sólo se oye el sigiloso paso

del amargo caminar de mi pena,

que poco a poco se clava en mi alma

como aguda espina que hiende mis venas.



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