Eduardo Yar

Llamado del nacimiento


AVISO DE AUSENCIA DE Eduardo Yar
Me retiro por un tiempo indefinido, quizás muy largo.
Agradezco de corazón profundo a quienes me brindaron gestos de amistad y leyeron mis publicaciones.
Que la poesía nos salve del mundo.

Defender al hijo de nadie

porque lo quieren manco,

como los de conciencia amputada;

porque lo quieren leso,

como los de un alma encallecida;

porque lo quieren como ellos.

 

Defender al que muere sin nacer.

Lo quieren matar los que,

vivos, no han nacido aún.

Lo quieren matar los que

viven de nada y mueren de todo.

Le quieren ahogar el llanto.

 

Darle nacimiento al que ya es hijo,

y darle la mama nutricia al que nunca lo fue;

la necesita, porque vivo se contradice:

anda como muriendo la vida.

Darle todo lo de la vida,

así se trate de la mismísima madre:

 

La sangre bravísima como un río;

el océano profundo como un útero;

el carbono abundante como simiente;

el tiempo desbocado como nacimiento;

 

Tratarlos con el perdón por delante,

a diferencia de ellos con el bisturí.

Que su muerte, cuando natural les llegue,

no se les vaya a hacer aborto.

 

"¿Y una violación?", reclaman ellos y ellas,

y muy seguros retratan el futuro de un crimen.

Decirles que no hay mal que por bien no venga,

aunque les suene a juicio ligero y trillado,

que ese hijo no deseado, bien puede ser abogado.

Dejarlo defenderse desde su concepción.

 

Defender al hijo de nadie;

defender al que muere sin nacer;

darle nacimiento al que ya es hijo;

y darle todo lo de la vida al que nunca lo fue,

así se trate de la mismísima madre.

¡Abortar sólo el pensamiento amargo!

 

Unirse a este llamado todos los vivos;

unirse a este grito todo lo de la vida;

porque ese hijo de nadie, reclama

desde su espontánea posición:

¡¡por qué le dan así tanto en el alma!!

Con nuestra voz y la laringe de su voz.

 

Por todos los que estamos en la vida,

que se cuente y que se diga,

cuántos latidos tiene el hijo nacido

en su pecho.

Si suena como tambor el pecho del recién nacido,

¿a qué sonará el pecho del que no dejan nacer?

 

Por todas las mujeres y hombres de hierro,

capaces de usar las pinzas que cortan carne,

estamos los hombres y mujeres de carne,

capaces de dibujar la sonrisa de la carne,

generar el calor vivaz de los abrazos

y la piel pesada de sentir un beso

y llevarlo hasta el nacimiento.

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Hermoso poema
    Saludos de Críspulo

    • Eduardo Yar

      Muchas gracias. Saludos.



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