Julio Noel

¡Dorados atardeceres de otoño

¡Dorados atardeceres de otoño

que inundáis de colores la alameda,

que de luz y sombra pintáis el campo

y de ocres hojas cubrís la pradera!

¡Dorados atardeceres de otoño

que bañáis de luz y color mi tierra,

iluminad las sombras de mi alma

y desvaneced de ella sus tinieblas!

Quiero ver la luz de los viejos campos,

aspirar la fragancia de las huertas,

recorrer los intrincados senderos,

andar por sus caminos y veredas.

Quiero acercarme al sonoroso río,

oír el canto del agua entre las piedras,

bañar mis pies en los claros cristales

y la dulce voz de la filomena

escuchar entre los suaves murmullos

con que me brinde la naturaleza.

Quiero deleitar mis rudos sentidos

con las tiernas y fragantes esencias

que en las tardes doradas de otoño

impregnan las lenes ondas etéreas.

¡Dorados atardeceres de otoño

de mi lejana e inolvidable tierra,

no sé si podré vivir sin vosotros,

no sé si podré ser feliz sin ella!

 



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