andrea barbaranelli

Castigo

Emprendí un camino de expiación.

Chapoteaba en el agua de un baño aromático

inhalando en largos sorbos los perfumes

embriagadores del incienso y del ámbar.

Tres pequeños reyes magos sin pretensiones

retorcían sus cuerpos malogrados

frente al desagüe donde mi sudor

formaba charcos de fétido fango.

Mi padre me sorprendió mientras estaba agachado

escarbándo entre los dedos de mis pies.

Entre cuatro me agarraron para ahogarme

con una esponja empapada en vinagre.

Entre cuatro me estrujaron los pulmones

y deshidratado me colgaron afuera

donde nadie pasaba y nadie venía

a cerrarme los párpados sobre los ojos.



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